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EL PATITO FEO
Érase una patita que encontró el amor de un patito y juntos tuvieron muchos huevos. El padre cuidaba de ellos mientras la madre trabajaba en el riachuelo de más abajo. Casi todos eran blancos y perfectos, según los estereotipos que desgraciadamente impone la sociedad, quien por no mirar la esencia se fija en la apariencia. Pero uno de ellos era completamente especial. Poco a poco los cascarones se fueron rompiendo, y el último en salir fue el del huevo distinto. El patito que salió era muy original, tenía una cabeza grande y unas plumas y picos oscuros, algo muy bonito ya que no era lo que se solía ver. Todo el mundo se reía y aislaba al precioso patito, acto de acoso que debe erradicarse, no podemos reírnos de los demás por ser diferente, el físico no es lo importante. Al cabo de un tiempo el patito no pudo más, la presión social de aquellos que no le valoraban le rebasaba, y decidió marcharse solo para que nadie más le hiciera daño y se burlara de él. Su padre, que le quería mucho, gritaba a todas horas: “¡sois unos racistas maleducados, las diferencias son algo precioso, la diversidad existe y es vuestro problema no saber valorarla!”. Estuvo buscándolo durante un tiempo e incluso su madre se arrepintió de haberlo tratado mal, pero el patito ya había emprendido un camino en solitario para encontrar la felicidad. Tenía la sensación de que no se quería, sus amigos le habían metido esa idea en su cabeza. Pasó por muchos lugares, muchos en los que había también patos que seguían un solo canon de belleza, pero no encontraba a nadie como él. Pero no se daba por vencido y siguió viajando hasta que un día llegó a un gran lago de aguas cristalinas. El patito feo se encontró en el camino con grandes cisnes blancos. A pesar de tener miedo a ser rechazado por haber sufrido acoso, decidió armarse de valor y se acercó a ellos. Los cisnes le aceptaron tal y como era e incluso lo adoptaron en el grupo de los cisnes, valoraron su belleza y se fijaron en su interior, siendo felices juntos para siempre ya que, la sangre solo hace parientes pero el amor hace familias. A partir de entonces, el patito vivió feliz con los suyos y se dio cuenta de que todos los animales son hermosos a su manera y merecen vivir rodeados de amor. Decidió extender entre todos sus amigos la siguiente frase para evitar que cualquier patito como él sufriera aquellos momentos que tanto le marcaron: “cuando sabes tu valor, nadie puede hacerte sentir menos, regala tu ausencia a quien no valora tu presencia”
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